Publicado: marzo 3, 2020



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  • «Por poco que se piense, qué bastante difícil es desamparar la vida», le afirma con dolor y resignación una vieja mujer, recluida en una ermita, a 2 jóvenes que procuran su consejo para comprender los misterios del amor. Corrompida por el tiempo inmisericorde, aquel que conforme la narradora extingue todo salvo los nombres, la mujer recuerda los miles y miles de lechos que compartió, el sinfín de corazones que encendió y cuenta, sin ahorrar detalle alguno, de qué manera su vida cedió desde el instante en que su cuerpo era como el retoño más bello de la flor del cerezo, hasta los círculos más siniestros de las que comercian con su cuerpo. Víctima de su virtud, nuestra protagonista comprende desde muy joven que su cuerpo puede ser un vehículo para vivir (qué cuesta abajo el vehículo podría rodar, no lo debería comprender sino más bien hasta muy tarde). Obligada a dejar su casa para saldar una deuda contraída por su padre, va a ver desfilar ante sus ojos la enorme ansía de los hombres y sufrirá en cuerpo y ánima el descenso desde la más alta alcurnia de las cortesanas hasta el inframundo de su profesión. Si como sugieren ciertos en nuestro tiempo, lo que cuenta en la vida es amontonar experiencias, estamos entonces frente a una de las vidas más ricas que se puedan imaginar. Una viajante infatigable que se va a disfrazar de hombre para recrear a los frailes en un monasterio, adiestrará a un gato a fin de que le arranque la falsa cabellera a la señora de una de las casas a las que sirvió, consumirá la vida de hombres enteros por no dejarlos reposar un solo instante por las noches y va a ver de qué forma sus días se agotan cuando ni el camuflaje de la noche le logra a un joven despistado que desee amenizar su velada. La novela marcha lo mismo como una «road novel» que como una punzante crítica que descubre la doble ética en la que estaban establecidas una gran parte de las «buenas maneras» niponas. Saikaku hace deambular a su protagonista por todas y cada una de las esferas sociales del el país nipón del periodo Edo. «Vida de una mujer amorosa» es así como «La historia de Genji» uno de los relatos más bellos de la literatura nipona precedentes al insigne periodo Meiji.

    Vida de una mujer amorosa es un libro que merece ser leído, ya que es excelente, fue escrito por Ihara Saikaku.

    Vida de una mujer amorosa | Ihara Saikaku

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