Publicado: marzo 6, 2020



  • Leer ahora Descargar
    Publicado: marzo 6, 2020
    Leer ahora
    Descargar



  • En el invierno de mil ochocientos cincuenta y ocho, Théophile Gautier, «el versista impecable, el perfecto mago de las letras francesas y profesor y amigo» de Converses Baudelaire, se desprende de la «nostalgia azur» que siente por el Mediterráneo y se lanza al «vértigo del Norte», a la enorme Rusia.En pleno invierno, habiendo superado ya el recorrido que cruza Alemania, Gautier enlaza S. Petersburgo con Moscú, dando sitio a las primeras muestras de la irreprimible belleza de sus descripciones. Su visión pictórica —colorista y plástica— alcanza desde las extensas llanuras colmadas de nieve hasta la tregua que representan los salones de las estaciones de ferrocarril, con sus extensas cristaleras y plantas tropicales, lugares de encuentro en los que convergen prodigiosamente las diferentes Rusias que conforman el imperio. Y de este modo llegamos a Moscú, y de este modo sentimos , los lectores, la fascinación y el reto gráfico que supuso para Gautier recorrer sus plazas y sus catedrales, y ante todo, el Kremlin.La historia nos cuenta que Gautier no pudo o bien no supo amoldarse nuevamente a París. La llamada del «vértigo del Norte» le devuelve a Rusia en verano, y si ya antes la recorrió en tren, ahora es el río Volga quien le acompaña en su periplo. Si ya antes el murmullo del demonio del viaje le alentaba a visitar el Kremlin, ahora le guía cara Nizhni-Nóvgorod, urbe que cobijaba en esos tiempos una esencial feria que reunía todo tipo de razas y dialectos; persas, siberianos, tártaros de Manchuria, armenios… a la espera de los chinos.

    Viaje por Rusia | Théophile Gautier

    Descargar

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *